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La Orquesta de Cámara Mediterránea «salió a hombros» en Almuñécar

El símil taurino es lo primero que me ha venido a la mente al escribir estas notas referidas al concierto que en la tarde noche del domingo pasado 23 de febrero ofreció la Orquesta de Cámara Mediterránea en el Teatro de la Casa de la Cultura de Almuñécar. Y siguiendo con el lenguaje taurino diré que hubo media entrada, pero la fuerza de los aplausos y los olés suplieron el resto.

Presentó la Orquesta un concierto con el título de «BLACK SWAN» a imitación de la película homónima dirigida por Darren Aronfsky. En realidad, el título venía a cuenta de la obra del compositor griego Víctor Kioulaphides, “Concierto Black Swan” (Nueva York año 2017), quien amablemente envió a su amigo Frano Kakarigi, contrabajista solista, digno de la Filarmónica de Berlín en palabras del director de la OCM, Edmon Levon, que presentó el programa con el Allegro de Death and the Maiden D.810, la Muerte y la Doncella de Schubert en arreglo para cuerdas de Gustav Mahler. La fuerza y el sentimiento melancólico que trasmite esta obra, reflejo del estado anímico de su compositor enfermo ya de sífilis, lo transmitió la Orquesta con la misma perfección que Schubert la compuso, conocedor de que su vida se acababa.

Tras Schubert, un gran hombre con un gran instrumento dominó el centro de la escena, era Franco Kakarigi con su contrabajo que en sus manos parecía un violín de juguete.

El Concierto para contrabajo y orquesta de cuerdas “Black Swan” de su amigo Víctor Kioulaphides, volaba. El público estaba absorto oyendo y viendo cómo un instrumento tal era capaz de emocionar, sorprender y admirar a cualquiera que lo oyera y lo viera interpretado, y de qué forma, por Kakarigi. En el programa figuraban unas breves palabras de su compositor traducidas por el intérprete:

“Su título tiene referencias tanto metafóricas como musicales. El Concierto para contrabajo en si es tan raro como notable, justo como el cisne negro. El segundo tiempo del concierto está basado en el aria del Cisne Negro de la ópera “Médium” de Giancarlo Menotti. Ambas referencias poseen un profundo y personal vinculo para su compositor, Víctor Kioulaphides (Atenas, 1961), puesto que coincide con la celebración de la carrera de 43 años como contrabajista profesional y alegre memoria a la colaboración en el Festival dei Due Mondi fundado en 1980 por el propio Menotti. En cierto sentido, esta obra representa sumario musical y autobiográfico de su compositor” (Víctor Kioulaphides, enero de 2025) Un estruendo de bravos y silbidos mezclados con aplausos interminables obligaron a Frano a regalarnos un bis increíble de nuevo por su ejecución, una obra compuesta por él mismo titulada “Fandanguillo de la orilla lejana”, una complicadísima y al mismo tiempo sensible obra dedicada a su esposa.

Nos trasladó de nuevo la Orquesta a un mundo de suavidad y dulzura con las danzas de ambiente renacentista de la Capriol Suite de Peter Warlock, compositor ingles fallecido en 1930 cuyo verdadero nombre fue Philip Arnol Heseltine y que calmaron los ánimos del público, terminando el concierto con otras danzas, las Romanian Folk Dances de Bela Bartok

Fue en esta obra en la que el director de la Orquesta, Edmon Levon, cogió su violín y como concertino lució sus cualidades de excelente intérprete. Levon estuvo a la altura de un director de orquesta con dominio del programa y de la escena, sus intervenciones antes de cada obra muy justas y acertadas.

Una noche de ensueño en la que la Orquesta de Cámara Mediterránea se definió como una de las orquestas de cámara más brillantes de España.